Música y músicas para después del confinamiento

Hagamos de la crisis presente y futura una oportunidad para, a corto y largo plazo, programar mayoritariamente contando con el talento de casa, desterrando complejos de inferioridad y sentimientos de vergüenza ajena.
09 may. 2020
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Música y músicas para después del confinamiento
Jaume Radigales 5 de mayo de 2020


Hace semanas, publicaba un artículo (Música y músicas para un confinamiento) que recomendaba una serie de audiciones ad hoc para estar en casa y -al margen de hacer pasteles, manualidades para niños, teletrabajar y consumir de forma maratoniana capítulos de series televisivas- poder relajarse escuchando una serie de piezas musicales.


A la hora de escribir estas líneas, se empieza a hablar del fin gradualmente del confinamiento, de sacar los pequeños de casa para llevarlos a pasear, de abrir con moderación algunos comercios, etc. Se dice que de momento costará volver a la normalidad, que locales y espacios de ocio todavía permanecerán cerrados, que las fiestas mayores posiblemente no podrán celebrarse... Y mientras tanto, sabemos que los teatros y salas de concierto dan por terminadas sus temporadas y que cuando se reabran a partir de septiembre (si es que esto ocurre) habrá que limitar el aforo. El panorama, en materia cultural, es bien penoso y nada hace pensar que las cosas vuelvan a la normalidad hasta dentro de mucho. Mucho tiempo (un año?).


Se ha hablado mucho de la catastrófica situación económica que ello conllevará, con destrucción de puestos de trabajo, cierre de pequeñas empresas, etc. Mientras tanto, los futbolistas se harán tests para ver si han pasado o no la enfermedad del Covidien-19 para que vuelvan a los estadios: once millonarios contra once millonarios para exhibir muslos y testosterona. A ellos sí que no les colarán los goles de los ERTE ni suspensiones de pagos por mucho que -oh, ángeles de la guarda! - se hayan rebajado el sueldo. La liga es la liga, lo que quiere decir que la pela es la pela: los multimillonarios ingresos en publicidad y derechos televisivos marcan el rumbo. Y, tal vez por eso, la indecencia ha llegado hasta los espacios informativos de radios y televisiones, manteniendo la sección de deportes intacta y con informaciones a menudo tan insulsas como leprosas, fruto de la estupidez humana.


Mientras tanto, las informaciones sobre cultura en general y sobre música en particular se han centrado en un buenismo propio de un filme de Frank Capra: cantantes, violinistas, trompetistas, percusionistas, guitarristas, flautistas o clarinetistas ofreciendo conciertos en los patios de comunidades de vecinos, desde los balcones o vía internet. Todo esto, claro, de manera gratuita y con buena cara. A los farmacéuticos les pagamos las mascarillas (en algunos casos a 12'50 € por unidad!), a los supermercados hemos pagado la harina -hasta agotar existencias- para hacer pasteles con los niños y la cuota de autónomos se debe o se deberá pagar a toca teja. Eso sí, el cantante, violinista, trompetista, percusionista, guitarrista, flautista o clarinetista le pedimos que cante o que toque -o ambas cosas a la vez-, gratia et amore y encima con buena cara.


Se han empezado a presentar temporadas y ciclos de conciertos para la temporada 2020-21. Una temporada que no arrancará con normalidad, sino con todas las incertidumbres sobre la mesa. Una temporada que arrastrará el déficit de muchos músicos que no habrán actuado durante los meses de confinamiento ni los que vendrán a continuación: los festivales de verano -que ya han cancelado o que cancelarán- dejarán un lastre importante. Y los inicios de temporada también, porque esto no se normalizará hasta, como mínimo, Navidad, o tal vez incluso más allá.


¿Qué habría que hacer? Evidentemente, los compromisos son lo que son y muchos contratos ya estarán firmados, incluso con cláusulas adicionales para no perder mucho dinero en caso de anulación. Pero pienso que quizás podrían abrirse algunas grietas apostando fuerte por el talento de casa: menos filarmónicas de Viena y más sinfónicas del Vallès, por ejemplo; menos divos y divas de ópera de prestigio (y cachet) internacional y más apuesta por las voces de casa que tan bien nos hacen quedar en estrenos de óperas contemporáneas y difíciles, pero con las que no contamos para los títulos de repertorio. Y así sucesivamente.
Quizás no se ha pensado lo suficiente en que las producciones de casa hechas con el talento de aquí pueden abaratar costes. Y esto repercute en los precios de taquilla: no pasa nada si a lo largo de una temporada los filarmónicos fuera se quedan en casa y contamos con los sinfónicos de casa y, en lugar de pagar 200 euros, pagamos 80 para escuchar las grandes páginas musicales de todos los tiempos. Nadie se rasgará las vestiduras si programamos una ópera de Verdi o de Puccini no con artistas de apellidos ilustres terminados en -inski, -mann, -kle, -nko, -rov, -ming o -cheva, sino con cantantes de gran categoría profesional que -¡oh, destino! - han nacido y se han formado en nuestro país y tienen apellidos de marcado acento catalán, andaluz, castellano o euskera. Lo que importa es el talento, no el marketing de “envuelve-que-hace-fuerte” impuesto por las grandes multinacionales de las industrias culturales.


Aprovechamos el confinamiento para repensar la cultura y para servirla con perfectas embajadoras y embajadores que tenemos en el cuarto primera o en la ciudad vecina. Hagamos de la crisis presente y futura una oportunidad para, a corto y largo plazo, programar mayoritariamente contando con el talento de casa, desterrando complejos de inferioridad y sentimientos de vergüenza ajena. Tenemos gente que vale. Y mucho. A muchos de ellos les hemos dado la espalda. Miremos hacerles frente a frente y recordamos lo mucho que han hecho y que siguen haciendo desde los balcones de sus casas o encerrados en su casero estudio de grabación. Han trabajado y siguen haciéndolo por la patilla. Debemos invitarles ahora a subir a nuestros mejores escenarios. Se lo merecen. Nosotros también.

EN CATALÁN https://tempsarts.cat/musica-i-musiques-per-a-despres-del-confinament/#.XrEgwkQFZ4k.twitter

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